Ese día nos quitamos los prejuicios y empezamos a disfrutar de lo que realmente era la vida. Corrimos hasta cansarnos, nos reimos hasta llegar al punto de no poder más, nos amamos como si no hubiera un mañana y dejamos que todo lo que nos atormentaba, todo aquello que nos preocupaba desapareciera por un día. Aprendimos a no juzgarnos, a no buscar más alla de lo que teniamos enfrente, y así, terminamos fundidos en el mayor beso que pueda existir, dejando que todos y cada uno de los recuerdos que teniamos él uno del otro, viajaran por nuestra mente.
Llevamos aquel día a la cima de lo que hasta entonces había sido una situación pasajera.
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