Llego la hora de parar. Pero esta vez no para coger carrerilla, si no para replantearte si la meta final recompensa la dificultad del camino. Si es mejor retirarse herido, que salir sin vida. Porque a veces la opción correcta aunque nos parezca la más cobarde es abandonar, resignarte a perder algunas cosas por otras que en un futuro te harán feliz. Olvidar que es lo que quieres y cambiarlo por lo que en realidad te conviene. Porque no consiste en pensar solo con el corazón o solo con la cabeza, si no en pensar con las dos cosas a la vez, sin dejarte llevar por uno o por otro, y quizás así, encuentres la opción correcta y la parada, habrá tenido sentido.
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