Empiezas a replantearte muchas cosas, y llega el día, se acaban los km de distancia, los días sin verse y todo vuelve a ser como el primer día. Es justo en ese momento en el que te das cuenta de que los sentimientos no desaparecen, si no que somos nosotros mismos los que los ponemos en segundo plano. Y al fin y al cabo, todas las cosas merecen la pena si les das la importancia que les corresponde.

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