Y cambiaron las cosas como cambiamos de estación. Dejamos atrás el verano y con él, miles de recuerdos, amores, e historias. Vuelve el otoño, la época de la lluvia, de las tardes en casa, y de los anhelos. Y hoy ya es diferente, las cosas no son iguales, los días grises anhelan tener a alguien que saque de ellos un rayo de sol, las camas anhelan un acompañante, y los corazones, alguien que los guarde del frío.
Una pequeña parte de ti, adora el cambio, y piensa en lo bueno de él, los nuevos retos, las nuevas metas y las nuevas aspiraciones. Pero, eso sí, con un poquito más de alegría, con ganas de comerse los días que van llegando, y con ellos, todos y cada uno de los problemas que se ponen por delante.
Das por finalizado, sentarte a esperar alguien que te llene por completo, y aprendes a completarte a ti mismo. Al fin y al cabo, eres el único capaz de no hacerte daño.
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