Una vez le prometió que las cosas cambiarían, que nunca la volvería a dejar sola. Y falló, como todas las veces que se lo había prometido. Un intento de cambio fallido, una vez más, ella acababa decepcionada. Pero esa vez fue diferente, ya no se le hacía raro que le fallara porque había llegado a un punto en el que la decepción no le sorprendía, solo sentía un pequeño y punzante dolor en el pecho que le hacía entender que él nunca cambiaría. Y le dolía, eso es lo que más daño le causaba, el saber que pasara lo que pasara nunca cambiaría.
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