Y lloré, sin saber que esa era la mejor solución para el dolor del alma. Creyendo que eso me hacía más débil o que simplemente no lo merecía. No me di cuenta de que en el fondo era la mejor forma de desahogarme y de que ese dolor se fuera disolviendo poco a poco.
Pero hoy sé que al contrario de lo que pensaba, llorar en el momento adecuado me hizo todavía mas fuerte, y me ayudó a seguir hacia delante cargando con todo lo que el futuro me pudiera deparar.
A día de hoy puedo decir que llorar no te hace mas débil, si no más fuerte. Que llorar es de valientes y que sin duda alguna es la mejor forma de quitarle a tu corazón un peso de encima.
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